Ocaso de Luna

viernes, 27 de mayo de 2005

Susurrado a la Luna por Linze_azul @ 5:01



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Las hojas caían sin dolor sobre la acera...
El otoño moría con los arboles aquella tarde gris... cenicienta...
El sol había brillado por su ausencia, y las nubes prometían comenzar a llorar de un momento a otro...
Fue una tarde triste...
Los remolinos nacían en las esquinas para morir a los pocos segundos luego de alzar tímidamente algunas hojas secas...
Las olas, allá a lo lejos podían divisarse también grises; chocando contra el malecón y salpicando la rambla tímidamente...
El mar hacia también su promesa de arrancar en ira en breve tiempo...
Una gaviota surcaba la inmensidad nubosa de ese cielo plomizo...
Los colores parecían esfumarse en una masa común... como difumada, donde las figuras perdían las líneas definitorias
Todos huían al interior de los edificios... donde el gris volvía a tomar color gracias a los focos amarillentos de las bombillas...
El alumbrado publico era un espectro vago...
Y la brisa despertó para convertirse en viento...
Así fue que una ráfaga acaricio una falda, que pareció bailar en un compás extraño, desafinando con el paisaje de esa tarde melancólica...
Las colas de la bufanda también danzaron al compás de las ráfagas cada vez mas intensas...
Y la pequeña figura pareció danzar en su sitio, como aquellas bailarinas de las cajas musicales que paradas sobre un solo pie, no hacen mas que rotar sobre si mismas al compaz de un pequeño organillo a cuerda...
Todos huían, menos aquella figura aparentemente frágil que se empecinaba en observar el mar...
En completa intemperie mientras la lluvia comenzaba a caer, fina y doliente...
Con el mismo frío que ostentan las hojas de las espadas...
Pero aquel ser, pareció no inmutarse, como si la aparente fragilidad solo fuera eso, una cascara para ocultar una fuerza interior capaz de no temerle a los millones de agujas puntiagudas que caían sin piedad sobre ella....
En el horizonte difuso, ya habíase hundido el sol, era la hora...
Ese mismo sol que a pesar de estar no se había dejado ver en todo el día, se acostó a morir con la misma timidez con la que había nacido en la mañana...
No hubo ocaso, y sin embargo aquella bailarina inmóvil pareció estar observándolo, con el mismo dolor con el que se acude a un funeral...
Esperando que el cajón descienda hasta tocar el fondo de la fosa...
Y para cuando la noche despertó completamente ( no le costo demasiados minutos el apoderarse de la ciudad de todos modos)
Ya enteramente abrazada por la lluvia que comenzaba a engrosar, la bailarina cobro vida para comenzar a caminar, en dirección a la ciudad, a los refugios diáfanos de los edificios amparados en su calefacción interna...
Y a cada uno de los pasos que daba, el viento siguió jugando con su falda (ya mas pesada a causa de la lluvia)...
Así fue que se perdió de mi vista, entre ese laberinto de calles y edificios, aun danzando tácitamente al compás de las ráfagas de viento...
Tan delicada y fuerte como una flor de plomo...

Lucia Romero
(a Mayo del 2005)

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