Ocaso de Luna

jueves, 28 de julio de 2005

Susurrado a la Luna por Desconocido @ 3:43


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La naturaleza siempre favorece a los que desean salvarse

Mateo Alemán


Ernesto no debía de tener mas de seis años entonces... no, no los tenia...
Vivía junto a su abuela en una casa a las afuera de la ciudad...
Los padres estaban estudiando, es lo malo de un embarazo no deseado...
No hay planificación, y se debe optar por la vida del niño o por seguir la vida común que se llevaba para alcanzar una meta...
Pero doña Albina, mujer sin preocupaciones si las hay, encontró el mejor remedio para todos... (claro está, en apariencia)
Ella cuidaría del pequeño mientras los padres se graduaban...
Y de paso la anciana tendría companía...
Albina Melgarejo Hernandez, tal era su nombre completo había sobrevivido a dos maridos, tres hijos y varias mascotas...
Ella en realidad era la abuela de Elida (la mama de Ernesto)
Tenia una vitalidad mas allá de la común para una mujer de su edad...
Diariamente hacia las compras en el mercado pasando a la vuelta por la panadería, para traer dos bollos y alguna pequeña cosa dulce...
Era pequeña y de apariencia frágil, pero su interior era completamente diferente...
Poseía una fortaleza de espíritu inmensa...
Y por sobre todo una alegría de vivir verdaderamente envidiable...
Un Cardenal de copete rojo la acompañaba desde ya hacían 25 años, y despertaba junto con ella (a eso de las 5 de la mañana) para cantar maravillosamente por una hora hasta que la anciana venia con el maíz cortado para darle de comer (siempre lo alimento a maíz cortado, jamas le dio alpiste)
Llegaban las ocho de la mañana y doña Albina ya estaba en el jardín acomodando plantas, quitando malas hierbas y podando rosales...
Desde la calle podía divisarse su mañanita de lana rosa, que ella misma había tejido, y su cenicienta cabeza bailar entre las plantas del jardín...
No por nada el suyo era el mas bonito de todo el barrio...
Un árbol de camelias adornaba el patio cerca del centro, junto a una mesa de monolito sin sillas en donde doña Albina solía tomar mate por la tarde...
Ernesto había venido a alegrar la monotonía de su vida...
Elida permaneció con ellos los primeros seis meses del infante, y luego regreso a la capital a retomar sus estudios...
Ella y su marido venían a verlos una o dos veces al mes...
Pero mas del 95% de los días solo eran Ernesto y la abuela Albina...
Y así transcurrieron los años...
Doña Albina esperaba a que el niño se despertara para ir a hacer las compras, y así se los podía ver, de la mano por la vereda en dirección al mercado y de regreso...
La abuela con el bolso en la mano y el pequeño mordiendo algún bollo de canela...
Pero llego el día en que los estudios de los padres del pequeño concluyeron...
Y viéndose egresados y asentados en otra ciudad y comenzando a trabajar oficialmente, vinieron por su hijo para llevárselo...
Y así lo hicieron...
El espectáculo fue doloroso para todo aquel que pudo verlo...
Ernesto llorando porque no se quería ir...
Albina llorando porque Ernesto se iba...
Pero cuando las cosas son inevitables, no hay nada que impida que sucedan...
El automóvil partió sin prestar atención a llantos...
Besos furtivos y exclamaciones de un "hasta pronto" que sonó a tardarse demasiado tiempo...
Y la anciana quedo en el pórtico de la casa sostenida contra la pared... mirando la línea por donde desapareció el automóvil en el horizonte...
Un par de vecinos vinieron a tratar de consolar a la casi centenaria dama... pero ella se excusó diciendo que prefería estar sola en ese momento...

Desde entonces las mañana ya no fueron iguales...
Cada vez se la veía menos en el jardín...
El Cardenal, notaba que tardaba cada día mas en amanecer... tras la tela que cubría su jaula por la noche...
De pronto ya no se la veía por la calle tan seguido yendo a hacer las compras...
Ya no se sentaba en el patio por las tardes...
De poco en poco se fue apagando la llama que le permitía seguir viviendo...
Y dos meses después de que Ernesto se fuera...
Ya no le quedaron fuerzas para levantarse de la cama...
Ya no había un porque...
Y el cardenal permaneció dos días con la jaula cubierta por la tela...
Hasta que un vecino toco y toco el timbre de la casa sin que nadie le abriera...
Llamando a causa de la preocupación a la policía...

No se ha donde estará ahora Ernesto...
Si supe que fue doña Beatriz quien se quedo cuidando el cardenal que ante la falta de su dueña murió también al poco tiempo...

Es que hay veces en las que se vive porque se hay algo por que vivir...
Y para cuando la razón se extingue, la vida comienza a extinguirse también...

Esta historia ni me la contaron... ni me la invente...
Es solo el recuerdo de una mujer que conocí...
Que tenia la cabeza llena de canas y siempre andaba trabajando temprano en su jardín con una mañanita de lana rosa sobre sus hombros...

Y a la cual veía a diario cuando iba a la secundaria...
Falleció ya hace diez años...
Un día como el de hoy, y la verdad no se porque me llego el recuerdo...
Quizás la nostalgia o las cosas de la vida... quien sabe...
Del pequeño niño no se que fue...
Solo se que en algún lugar de esos incorpóreos...
De seguro aun alguien se levanta temprano en la mañana... a trabajar en el pequeño jardín de una pequeña casa... con una mañanita de color rosa sobre los hombros, y la cabeza llena de canas...


Luly...

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