después del silencio compartido...
de los bostezos, los gemidos y las lagrimas...
la soledad llega para ocupar su sitio...
en medio de nosotros, sobre las mantas...
después de pensarnos y de extrañarnos...
de las cartas de amor, de las quejas loases...
del rencor y los celos y las devastaciones...
de los besos furtivos a mitad de la plaza...
llega a posarse sobre el hombro obtuso
la soledad cual cuervo en luto duelo...
como diciéndonos, "aquí está el veneno,
que es la condena por amarse mucho"...