Llegó hasta mi...
Caminando sin herir las hojas secas...
Como si su cuerpo no tuviera peso
Ni consistencia alguna...
No era un fantasma...
Aunque en la espesura...
De aquella noche negra, no recuerdo...
Haber visto diamante mas eterno
En su palidez sin par, frente a la Luna...
Llegó hasta mi...
Sin arañar el aire...
No pronunció palabras ni lamentos
Me contempló con sus ojos infinitos
Nacidos de la historia y los recuerdos
Me vio llorando en medio de la noche
Tan fría y pálida como sigo ahora
Me confundió con uno de los suyos