no hay árbol pequeño que no produzca sombra
ni cuerpo atormentado que no pida su fiebre
aquí estoy sobre el mundo, mirando la demora
en el tiempo infernal, donde te mueves
nací de ti, llorando tu tristeza
morí de ti... y sigo agonizante
en medio de la abrupta in displicencia
de mendigar cariños apremiantes
mientras recorres las vides y los frutos
aquí estoy, sobremuriente a penas
sobreviviendo, sin vivir, sin ganas
con los ojos marchitos y en conserva
y el vencimiento caduco de esta alma