Aprisionada esperanza que en mi mano,
Mira a la tormenta frente a frente,
Velando fiebre y con la sien hirviente
Resguarda el alma que no quiere arder.
Marchitos y resecos, ha besado esos labios
Inertes y estériles; ya nada los irrita,
Y en medio del pecho la esperanza palpita
En este futuro que pereció ayer.