Ocaso de Luna

martes, 20 de junio de 2006

Susurrado a la Luna por Linze_azul @ 15:54


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Huérfana de luz se encontró la mañana...
Donde debía alumbrar el astro sol, solo había un manojo de nubes cenicientas...
Doloridas, lastimosas...
Nubes enlutadas por una pena que llorarían en breves momentos...
Sin poder contener en ellas el dolor que las inundaba...
El reloj tardaba en dar las diez, como queriendo elastisar el tiempo...
Convirtiendo los minutos en horas...
Mas allá... en el horizonte que se había acercado a causa de la niebla...
Los ojos solo podían apreciar una cenicienta oscuridad de luz...
Tal vez el vagar espectral de una gaviota... que había retomado luminosidad en si misma anteponiendo su blanco inmaculado al ceniciento matiz con el que se presentaba el cielo...
Junio no debería ser así...
Debería tener mas color...
Aun no es Invierno, aun le quedan días al otoño por vivir...
Perduran desafiantes todavía algunas hojas semi marchitas en los arboles...
Y las olas a pesar de ellas mismas mantienen una cierta calma y todavía no atentan furiosas, desbordando el malecón...
Por fin... el reloj de cuerda da las diez con sus veinte golpes roncos (diez agudos y diez graves)
Decadentes, cada golpe busca su propio eco por la habitación, poblada de un aire húmedo, pesado e incomodo
Tratando de golpear con alguna pared donde rebotar y regresar a su origen...
Pero las paredes también están llorando su pena, y abrazan el sonido como a un recién nacido y no lo devuelven...
El segundero sigue su marcha interminable y viciosa...
Y en el reinado del silencio su trajinar monótono aturde mas que una multitud gritando...
Pero la liturgia acaba a la mitad de la mañana...
Cuando la calle despierta completamente y el ruido de los camiones repartidores inunda contaminando el lugar...
Y las bocinas chocan entre si ahogando los demás sonidos con su grito agudo...
A lo lejos comiénsase a oír una sirena...
Y allá en el mar... lejos muy lejos de la costa... quizás a las orillas de la isla remota, otras sirenas, aquellas que poblan los mitos y los sueños, la podrán escuchar sin comprender, heridas en si mismas y en su preciosa voz

Y ha comenzado por fin a sollozar el día...

Levemente las delgadas lagrimas caen sobre el pavimento inerte...
Cae tan ácida como su melancolía...
Como su dolor de ser... los árboles sedientos del verano la esperaron con ansias por largos días y ahora reniegan de ella por herirlos...
Cada gota es un puñal helado que se clava en la madera viva...
Una brisa marina invade desde la rambla en pos de la ciudad, cobrando fuerzas a medida que avanza...
Recobrando nuevos bríos a medida que las gotas de lluvia comienzan a aumentar su volumen...
Y las ultimas hojas obstinadas a no abandonar su puesto aun, se aferran a las ramas con la poca vida que les queda
Pero la brisa ya dejo de ser y comenzó a tornarse en viento...
Y la fuerza de su golpe las arranca una tras otra sin piedad ninguna...
Haciéndolas danzar a su gusto en pleno vuelo... elevando otras en pequeños remolinos al encontrarse en una esquina con si mismo
Y por fin... un relámpago luminoso por un segundo despeja la oscuridad de esta mañana extraña... y seguido a el un momento después estalla el trueno...
El mismo juego de luz y sonido se repite varias veces...
Sobre el cielo de la ciudad y sobre el mar...
Penetrando la electricidad entre las aguas que ya no están dormidas...
Y con furia corona sus olas de crestas de espuma cerca de la orilla

Acaso es posible sentir el dolor del otoño que agoniza?
Que transita por sus últimos días nuevamente... que se va desmoronando con cada hoja arrancada de su rama y cada gota de lluvia helada que el cielo llora sobre las calles húmedas y frías?

Apiadarse del dolor de los pájaros varados en las ramas sin hojas bajo la lluvia helada?

Sentir piedad por las nubes condenadas a llorar hasta morir?
Sacudidas por el bramido de los vientos en lo alto...
Hasta dejar de ser, como si lo único que hubieran sido en su existencia fuera un contenedor de dolor...
Dolor que produce vida en su tormento...
Que deposita sobre la tierra sedienta la sangre del mundo para fomentar la vida...
Y sin embargo su dolor es tan hondo... tan profundo y vasto...
Que desborda mas de la cuenta sus lagrimas sobre la tierra ahogada...
Como si la depresión le hubiera llevado a cortarse las venas y ya no poder parar el caudal que de su ser se aparta...
Y luego sucumben...
Investidas de luz por los rayos crueles nacidos de los vientos que quieren devastarlas
Como quien recibe ante el sufrimiento su corona de martirio...
Tan punzante en su electricidad... igual de hiriente que una espina que se clava en la carne...
Su carne, hecha de gotas de lagrimas...

Pero por ahora... solo derraman su melancolía en la ciudad...
Quien sabe cuanto tiempo les tomara desahogar su pena...
Cuanto tardara la agonía antes de que la muerte venga por ellas...
Y su corona caiga nuevamente al río...


Lucía Romero (Luly)

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