Ocaso de Luna

lunes, 26 de junio de 2006

Susurrado a la Luna por Desconocido @ 16:02


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Estaba ahí...
De pie e inmóvil.
Podría haberse confundido con uno de los maniquíes que exhibían los trajes de la nueva temporada a sus espaldas...
Tenia la misma pose "preparada"
La misma expresión vacía... en aquella seriedad pétrea y natural que de seguro había heredado de su padre...

No recuerdo haber oído el sonido de su risa, es mas no creo haberlo visto sonreír... en mi vida
Solo se dignaba a esperar el autobús, día tras día en el mismo lugar, a la misma hora... y con la misma expresión ermitaña
Como si fuera un autómata al que no le podían cambiar por nada del mundo sus arraigadas costumbres, como si estas fueran parte de el, cual si fueran a su vez otra pierna o brazo... como si el mismo no las hubiera gestado en la cotidianidad sino que las traía desde mucho antes de su alumbramiento... así como quien carga una herencia demasiado cruel dentro de su sangre...

Solo cuando la lluvia besaba la ciudad él cometía el exceso de llevar paraguas...
Eso si... siempre a la intemperie y en la baldosa que le correspondía, jamas lo contemple al resguardo de algún toldo o balcón, ni siquiera en la parada siguiente que tenia techo...
Como si el hecho de no estar ahí causara una ruptura en el espacio/tiempo y el autobús entonces jamas volvería a pasar

No se cuantos trajes grises e iguales tendría, porque siempre estaba allí...
Igualmente vestido e inmaculado... con el cuello de la camisa níveo y duro, así como debieron usarse hace mas de dos décadas...
Aunque su apariencia no revelaba una edad mayor a los treinta o treinta y cinco años

El cabello siempre (a lo largo de los cinco años que llevo observándolo diariamente, esperando el autobús al otro lado de la calle) mantuvo un mismo corte de cabello... corto pero no en exceso... y peinado hacia el costado izquierdo... provocando a veces que la brisa (o el viento) jugara con sus mechones haciéndolos danzar... que era lo único que desentonaba en su postura de estatua viviente...

Los ojos pequeños... cuyo color jamas sabré dada la distancia que mantenemos uno del otro, aparentaban estar perdidos en un punto vago, allí en la línea de su propio horizonte... como divisando algo solo existente para su retina...

Las cejas tupidas hacían de su mirada algo así como un hechizo...

El labio superior estaba coronado por un delgado bigote, e igual de cuidado que toda su apariencia por supuesto.

Y en la culminación de su brazo derecho, siempre el mismo maletín negro contrastablemente gastado a comparación de su pulcritud y siempre a punto de desbordarse de papeles y carpetas

Todos los días desde hace cinco años lo veo desaparecer a las seis y media de la mañana tras el autobús sesenta y cuatro
Que llega a quebrantarme la visión de aquel maniquí viviente, parado a cuatro o cinco pasos de las demás personas que esperan en la parada doce

Nunca pude verlo descender, no se donde bajaría su humanidad al retornar de su jornada diaria, ni a donde se dirigiría...
Solo he podido contemplarlo diariamente (incluidos domingos y feriados) en el mismo lugar... y a la misma hora, con la misma expresión y prendas que todos los días...

Pero hoy...
Solo su ser permanecía en la parada doce, esa que por resolución de vialidad ya no existe...
Con el propósito de que el transito fluya mejor, han unido las paradas de los autobuses y ahora solo hay una cada seis cuadras y la parada doce ya no es, sino que se fundió con la parada dieciséis para formar la B3 a unas tres cuadras de aquí...

Pero el parecía ajeno a esta nueva regla... como totalmente desprovisto de la noticia que ha estado siendo repartida por cuanto medio de comunicación se pudo desde hace seis meses

Yo debía salir corriendo hacia mi nueva parada que se ubica a dos cuadras pero en sentido contrario, y quizás apiadándome de su aparente olvido o ignorancia...
O quizás y siendo franca, viendo la posibilidad de poder oír su voz, tan siquiera de hablarle por primera vez...
Le grito desde mi lado de la calle...

la parada se movió a tres cuadras de aquí!!!

Y lo contemplo con una sonrisa esperando su reacción...
Pero no hay tal.
Así como todos los días sigue encerrado en sus cavilaciones, observando el mismo punto vago e inexistente en su horizonte...

hey! Usted el de gris, le digo que ya no hay parada doce, debe tomar el autobús, tres cuadras mas adelante...

Pero al parecer mi voz era inaudible para el...
pense para mi interior, en la posibilidad de que el ser inmaculado fuera sordo, y de ahí también se debería su mutismo diario, al menos eso explicaría varias cosas...

Intente colocarme en la línea de su horizonte si quiera para hacerle señas...
Pero el autobús sesenta y cuatro se aproximaba a media cuadra, a velocidad alta, sin ninguna vista a parar en un lugar en el que ya no debía hacerlo...
Y así mismo lo hizo....
Por breves segundos quito de mi vista al hombre de gris
Debió pasar a unos 45 km. por hora, tal vez un poco mas para aprovechar la luz verde con la que le sonreía el semáforo...
Sentí pena por aquella persona que de seguro estaría desconcertada al encontrar tal ruptura en su itinerario cotidiano

Pero la incertidumbre en realidad fue mía...
Porque aquel hombre no estaba ahí...
Y se que era imposible que hubiera tomado aquel autobús...
Nadie pudo haberse subido a el a la velocidad con la que paso y por en medio de la calle...
Mire hacia ambos lados pero no lo halle... no di con su figura por ninguna parte...
Entonces un vagabundo me dijo, con piedad en su voz...

Niña... corre a tomar el tuyo...
El estará nuevamente ahí mañana...
Ha estado ahí desde hace 30 años, desde aquella madrugada en que cruzando la calle lo atropellaron y jamas llego a subirse al 64...



Lucía Romero (Luly)

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