A mi oído llegaron de imprevisto los llantos
De una sirena herida mas allá de las fuentes
Y un canto de ángeles, como sombras ausentes
Masacraron la luna, el cielo, los campos...
A mi encuentro llegaban desde los cardinales
Orgullosos gigantes, invisibles y sádicos
Y dos viejos espíritus me atacaron de frente
Y robaron la rosa que llevaba en mis manos...