De mi antiguo jardín han emigrado las flores
En mi triste soledad solo quedaron abrojos
Se han marchado llorando, como viejos amores
Febriles y ensangrentados, píos y rencorosos
De seguro se han ido, donde algún otro profeta
Pregona a voz en cuello sus prohibidas herejías
Necesitaban ardores para su extraña belleza
Mi jardín las sofocaba, mi jardín las oprimía