Texto de GIBRÁN KHALIL GIBRÁN
Extraído de "Pensamientos Y Meditaciones" (1961)
"Es inmoderado y fanático hasta la locura. Aunque es un idealista, su finalidad literaria consiste en envenenar la mente de los jóvenes... Si hombres y mujeres siguieran los consejos de Gibran sobre el matrimonio, se romperían los lazos familiares, la sociedad sucumbiría y el mundo se volvería un infierno poblado de diablos y demonios.
"Su estilo es hermosamente seductor, lo que significa el peligro de este inveterado enemigo de la humanidad. A los habitantes de esta montaña sagrada (el monte Líbano) les aconsejamos que rechacen las insidiosas enseñanzas de este hereje anarquista y que quemen sus libros, para que sus doctrinas no lleven por el mal camino a los inocentes. Leímos Alas Rotas y verificamos que era veneno cubierto de miel."
Eso es lo que la gente dice de mí, y está en lo cierto, porque soy muy fanático y siendo predilección tanto por la destrucción como por la construcción. Mi corazón odia lo que mis detractores santifican y ama lo que ellos rechazan. Y si pudiera desarraigar algunas costumbres, creencias y tradiciones de la gente, lo haría sin dudar. Cuando afirman que mis libros son un veneno, dicen la verdad, porque lo que yo digo es veneno para ellos. Pero mienten cuando dicen que lo mezclo con miel, porque yo uso el veneno en toda su potencia y lo sirvo en un vaso transparente. Los que me llaman dealista que anda en las nubes son los mismos que se alejan del vaso transparente que contiene lo que llaman veneno, porque saben que sus estómagos no lo resisten.
Puede sonar truculento, pero ¿acaso la truculencia no es preferible a la simulación seductora?
Los pueblos del Oriente quieren que el escritor sea como una abeja y esté siempre libando miel. Glotones de mil, la prefieren a cualquier otro alimento.
Los pueblos del Oriente quieren que sus poetas se quemen como incienso ante sus sultanes. Los cielos orientales están nauseabundos de incienso, pero los pueblos de Oriente no tienen bastante.
Quieren que el mundo aprenda su historia, estudie sus antigüedades, costumbres y tradiciones y qué adquiera su lengua. También cuentan con que los que los conocen no repetirán las palabras de Baidaba el filósofo, Ben Rished, Ephraim Al-Cyriani y Juan de Damasco.
Los pueblos del Oriente, en síntesis, quieren hacer de su pasado una justificación y un lecho de ocio. Huyen del pensamiento positivo y de las enseñanzas positivas y de cualquier conocimiento de la realidad que pueda aguijonearlos y despertarlos de su sueño.
El Oriente está enfermo, pero está tan acostumbrado a sus dolencias que ha llegado a considerarlas naturales y hasta nobles cualidades que lo distinguen de otros pueblos.
Considera que quien no tiene esas cualidades está incompleto y es inepto para recibir el don divino de la perfección.
En Oriente los médicos de la sociedad son muchos, y muchos los pacientes que siguen sin curarse, pero parecen aliviados de sus enfermedades porque se encuentran bajo los efectos de narcóticos sociales. Pero esos tranquilizantes ¡sólo enmascaran los síntomas.
Varias son las fuentes de las que se destilan esos narcóticos, pero la principal es la filosofía oriental de la sumisión al destino (la obra de Dios). Otra fuente es la cobardía de los médicos sociales qué temen aumentar el dolor administrando medicinas drásticas.
Vayan algunos ejemplos de esos tranquilizantes sociales: Una pareja de esposos descubre que, por razones sustanciales, el odio ha reemplazado al amor entre ellos. Después de un largo tormento, mutuo se separan. Inmediatamente sus padres se reúnen y llegan a algún acuerdo para reconciliar a la pareja deshecha. Primero acosan a la mujer con falsedades; luego ablandan al marido con engaños similares. No convencen a ninguno de los dos, pero ambos se humillan en una ficción de paz. Sin embargo, esta situación no dura: los efectos del narcótico social se disipan pronto y la miserable pareja vuelve por nuevas dosis.
O bien un grupo o un partido se rebela contra un gobierno despótico y propone reformas políticas para liberar de sus cadenas a los oprimidos. Distribuye manifiestos, pronuncia feroces discursos y publica artículos punzantes. Pero al mes siguiente nos enteramos de que el gobierno puso preso a su dirigente o lo silenció dándole un importante rango. Y no se oyó más nada.
O una secta se rebela contra su jefe religioso, acusándolo de cometer delitos y amenazando con adoptar otra religión, más humana y libre de supersticiones. Pero poco después nos enteramos de que los hombres sabios del país lograron la reconciliación del pastor y la grey aplicando narcóticos sociales.
Criando un débil se queja de la opresión del fuerte, su prójimo lo calmará: "Calla y alégrate, así lo dispone el Destino."
Cuando un aldeano duda de la santidad del sacerdote, le dirán: "Atiende sólo a sus enseñanzas y olvida sus defectos y fechorías."
Cuando un maestro reprende a un estudiante, suele decir: "Las excusas que inventa un joven perezoso suelen ser, peores que el mismo delito."
Si una hija se niega a adherir a las costumbres de la madre, ésta dirá: "La hija no es mejor que la madre: en consecuencia debe seguir los pasos maternos."
Si un joven pide a un sacerdote que le explique el significado de un viejo rito, el predicador lo reprobará, diciendo: "Hijo, el que no mire la religión con los ojos de la fe no verá nada más que niebla y humo."
De ese modo el Oriente descansa sobre su lecho mullido. El que duerme despierta un momento cuando lo pica una pulga y luego retoma su sueño narcótico.
Y si alguien intenta despertarlos, los que duermen lo acusan de comportarse groseramente y de no dormir ni dejar dormir. Luego cierran nuevamente los ojos y susurran a los oídos de sus almas: "Es un infiel que envenena la mente de los jóvenes y socava los fundamentos eternos."
Muchas veces pregunté a mi alma: "¿Soy uno de esos rebeldes despiertos que rechazan los narcóticos?" Y mi alma respondió crípticamente. Pero cuando oigo que injurian mi nombre y mis principios, me siento seguro de que estoy despierto y de que puedo contarme entre los que no se rinden a los sueños de la droga, que pertenezco a aquellos fuertes de corazón que caminan por senderos estrechos y espinosos en los que también se pueden encontrar flores, en medio de lobos que aúllan y de ruiseñores que cantan.
Si el despertar fuera una virtud, la modestia me impediría proclamarla. Pero no es una virtud sino una realidad que aparece súbitamente a quienes tienen la fuerza de levantarse. Ser modesto al decir la verdad es una hipocresía. Pero los orientales lo llaman educación.
No me sorprendería que los "pensadores" dijeran de mí: "Es un hombre que predica excesos y ve el lado malo de la vida; sólo aporta tinieblas y lamentos."
A ellos respondo: "Deploro vuestra actitud oriental que evade la realidad de la debilidad y el dolor.
"Me aflige cuando veo que mi querido país canta, pero no de alegría sino para detener los estremecimientos de temor.
"En la lucha contra el demonio, el exceso es bueno. Porque el que es moderado en el anuncio de la verdad presenta la verdad a medias. Oculta la otra mitad por temor a la cólera de la gente.
"Detesto la inteligencia que se alimenta de carroña; su hedor trastorna mi estómago y no la agasajaré con dulces ni licores.
"Sin embargo, cambiaría alegremente mis gritos por joviales carcajadas, pronunciaría elogios en lugar de acusaciones, reemplazaría el exceso por la moderación siempre y cuando vosotros me mostrarais un gobernante justo, un abogado íntegro, un jerarca religioso que practique lo que predica, un marido que cuide a su mujer como a sí mismo.
"Si quieres que baile, que haga sonar la trompeta o batir el tambor, invítame a una fiesta de bodas y apártame del cementerio."