Sé que existen...
Yo los he tocado...
Rocé mis dedos cerca de sus mejillas
Delineé con la mirada sus facciones
Y hasta sentí su respiración muy cerca de mi oído...
Sé que ahí están...
Que acechan por las noches
Y en los días de lluvia...
Con sus ramos de flores enmohecidas.
Rasgando las premisas de la vida
Con la tenacidad de un alma errónea...
No podría, ahora describírtelos...
Tienen de ángel y demonio, un poco y todo;
Su voz es casi el eco del canto de los niños
Y a su vez provocan un terror desmesurado
Sus cantos sin razón, que son un grito...
Al odio que sostienen en sus manos...